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GUATEMALA
Masacre de Dos Erres no quedará impune
Louisa Reynolds
03/02/2011
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Canadá y EEUU detienen a ex militares involucrados en una de las peores masacres del conflicto armado.

Transcurridos 29 años de una de las matanzas más brutales cometidas por el Ejército guatemalteco contra la población indígena maya, el nombre de Dos Erres, pequeña población del departamento norteño de Petén, vuelve a perseguir a Jorge Vinicio Orantes Sosa, de 52 años, uno de los 17 comandantes kaibiles buscados por la justicia guatemalteca por haber encabezado el contingente responsable del masivo asesinato.

El 20 de enero, Orantes Sosa, con cadenas en las manos y los pies y escoltado por tres oficiales de seguridad, compareció en la audiencia de extradición en Calgary, Canadá, dos días después de haber sido arrestado en la pequeña ciudad occidental de Lethbridge, en la provincia de Alberta.

Orantes Sosa tiene las ciudadanías canadiense y estadunidense y enfrenta cargos en EEUU por haber mentido para obtener los documentos de ciudadanía al haber respondido “no” a dos preguntas, sobre si estaba acusado de violaciones a los derechos humanos en su país de origen y si había servido en las Fuerzas Armadas.

“Deberían realmente investigar cómo recibió su ciudadanía [canadiense]”, dijo Carmen Aguilera, ex cónsul de Guatemala en Calgary.

Cuando fue arrestado por agentes de la Unidad Contra Violadores a los Derechos Humanos y Criminales de Guerra del Departamento de Inmigración y Aduanas de Canadá, Orantes Sosa se encontraba en Lethbridge desde el día anterior visitando familiares que viven en la parte sur de la ciudad.

En mayo del año pasado había dejado su casa en Riverside, California, para dirigirse a Canadá. Primero fugó a México y en enero pasado abordó un vuelo comercial a Vancouver; desde allí viajó a Lethbridge, donde fue detenido por la policía canadiense.


Captura simultánea
Otros dos comandantes kaibiles —miembros de la fuerza de operaciones especiales del Ejército guatemalteco creada en los años 70, especializada en tácticas de guerra en la selva y operativos contrainsurgentes— fueron arrestados el mismo día que Orantes Sosa: Gilberto Jordán, quien fue encontrado culpable por un tribunal de Florida de mentir en su solicitud para obtener la ciudadanía estadunidense y recibió una condena de 10 años de cárcel, y Pedro Pimentel Ríos, quien actualmente se encuentra a la espera de ser juzgado en California.

Jordán vivía en California desde 1990, donde trabajaba como cocinero, y Orantes Sosa era instructor de artes marciales.

Tras las detenciones, el gobierno guatemalteco solicitó por lo pronto a las autoridades estadunidenses la extradición de Jordán y Pimentel Ríos a Guatemala para que sean juzgados por crímenes de lesa humanidad.

En el 2000, un tribunal penal en el municipio de San Benito, Petén, ordenó la captura de 17 de 58 kaibiles involucrados en la masacre, pero asociaciones ultraderechistas de veteranos de guerra presentaron 36 apelaciones en un intento desesperado por paralizar el proceso.

Sin embargo, en febrero del año pasado, la Corte Interamericana de Derechos Humanos ordenó al gobierno guatemalteco reabrir el caso, y nuevamente se emitieron órdenes de detención.

Para Aura Elena Farfán, presidenta de la Asociación de Familiares de Detenidos y Desaparecidos de Guatemala (FAMDEGUA), la captura de Orantes Sosa es un paso importante para procurar justicia a las víctimas de Dos Erres, ocurrida en 1982, cuando era subteniente del contingente que perpetró la masacre.

No obstante, su proceso de extradición hacia EEUU y eventualmente a Guatemala podría complicarse, porque el Centro Canadiense para la Justicia Internacional, temiendo que intente fugar nuevamente o que el Ejército guatemalteco trate otra vez de paralizar el proceso, ha demandado que sea juzgado en Canadá, país que permite juicios a criminales de guerra extranjeros.


Inenarrable crueldad
Según el informe “Guatemala: Memoria del silencio”, publicado en 1999 por la Comisión para el Esclarecimiento Histórico, en octubre de 1982 guerrilleros emboscaron un convoy del Ejército cerca de la localidad de Palestina, vecina a la pequeña aldea de Dos Erres (cuyo nombre proviene del apellido de dos hermanos Ruano propietarios originales del lugar), matando a 21 soldados y apoderándose de 19 fusiles.

De inmediato el Ejército respondió enviando un contingente de 58 kaibiles a la zona para exterminar a los habitantes de Dos Erres, quien eran considerados simpatizantes de la guerrilla.

Los soldados llegaron al poblado el 6 de diciembre, disfrazados como guerrilleros, y obligaron a los habitantes a salir de sus casas, encerrando a los hombres en la escuela y a las mujeres en dos iglesias.

Los kaibiles separaron a los niños de sus padres. Lanzaron a los infantes contra las paredes y los árboles y a los de mayor edad los mataron con golpes en la cabeza. Sus cuerpos fueron arrojados a un pozo.

Luego los adultos fueron interrogados uno por uno, y después los acribillaron o les destrozaron la cabeza a martillazos; sus cuerpos también fueron lanzados a un pozo. Las mujeres y las niñas fueron violadas y a las embarazadas les cercenaron los fetos a machetazos.

Un total de 252 civiles fueron asesinados en Dos Erres, aunque no se encontró ninguna propaganda favorable a la guerrilla en la localidad.

La brutal masacre ocurrió al inicio de una década en que la guerrilla lanzó su mayor ofensiva militar, a la que el Ejército respondió con la llamada “Operación Ceniza”, perpetrando asesinatos masivos y arrasando pueblos enteros.

Lo que iba a ser una campaña selectiva contra simpatizantes de la guerrilla se convirtió en una carnicería dirigida a eliminar el apoyo real o potencial a los rebeldes, estrategia que el ex dictador Efraín Ríos Montt (1982-83) llamó “quitarle el agua al pez”.
—Noticias Aliadas.


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