Martes, 4 de Agosto 2020
Sección de suscriptores(as) Identificación Contraseña
AMÉRICA LATINA / EL CARIBE
COP20: ¿Un fracaso más?
Cecilia Remón
21/12/2014
Envíe un comentario Imprima el texto de esta página

A última hora se logró aprobar “Llamado de Lima para la Acción Climática” que deja grandes vacíos, enormes incertidumbres y nulos compromisos.

La acción mal calculada por Greenpeace para llamar la atención sobre el cambio climático durante la 20ª Conferencia de las Partes (COP20) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), que se llevó a cabo en Lima, Perú, del 1 al 12 de diciembre, eclipsó las actividades y demandas de la sociedad civil de los países más afectados por el calentamiento global.

Activistas de Greenpeace colocaron el mensaje “Time for change! The future es renewable!” (¡Tiempo para cambiar! ¡El futuro es renovable!) en letras amarillas en uno de los espacios más delicados y protegidos del Perú: las líneas de Nazca, que se encuentran a unos 300 km al sur de Lima. Sin ninguna autorización oficial, los activistas ingresaron furtivamente en horas de la noche al lugar arqueológico donde se encuentra la emblemática figura del colibrí. Las protestas no se hicieron esperar, obligando a los responsables de la organización ambientalistas a pedir disculpas, pero el daño ya estaba hecho. Fotos aéreas mostraron las huellas dejadas sobre las líneas y que nunca se borrarán.

Si bien funcionarios del Ministerio de Cultura anunciaron que se tomarían medidas contra los activistas, lo cierto es que el Perú tampoco puede mostrar su voluntad política para proteger la herencia cultural ni menos ambiental. Recientes disposiciones legales dirigidas a reactivar la economía han relajado los estándares ambientales y de protección del patrimonio cultural.

En ese marco se llevó a cabo la COP20, a la que asistieron negociadores y representantes de la sociedad civil de 195 países para discutir un documento que incluyera acuerdos para reducir emisiones.

Aunque la ciencia ha demostrado fehacientemente que el cambio climático que está experimentando el planeta a consecuencia del calentamiento global por el uso indiscriminado de combustibles fósiles, todavía hay naciones que no están dispuestas a comprometerse a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

Camino a la COP21
Tras 13 días de negociaciones y 36 horas después de lo previsto, la madrugada del 14 de diciembre fue aprobado el “Llamado de Lima para la Acción Climática”, que establece los elementos del nuevo acuerdo que  reemplazará al Protocolo de Kioto, cuya vigencia fue ampliada en el 2012 hasta el 2020 y que deberá ser refrendado en la COP21, a llevarse a cabo en diciembre del 2015 en París.

Las naciones “se pusieron de acuerdo en las reglas básicas sobre cómo todos los países pueden someter sus contribuciones al nuevo acuerdo durante el primer trimestre del año próximo”, señala un comunicado oficial de la COP20.

Si bien el texto reconoce una responsabilidad común y diferenciada para reducir los GEI, lo cierto es que quedará a criterio de cada país la reducción de sus emisiones, no resuelve la fiscalización de esos compromisos, ni incluye planes inmediatos para hacer frente a los daños y pérdidas causados por el cambio climático.

El presidente de la COP20, el ministro del Ambiente Manuel Pulgar Vidal, resaltó “la importancia no sólo de que se haya logrado en Lima el borrador de acuerdo global que deberá firmarse en París en el 2015, sino el éxito en términos de imagen que significa para el país haber tenido una organización impecable en el evento más grande que se ha llevado a cabo en el Perú”.

Entre los acuerdos logrados se incluyen superar la meta destinada al Fondo Verde del Clima, al sumar compromisos por US$10.2 millardos anuales hasta el 2020, reforzar los Planes Nacionales de Adaptación para que cada país se comprometa a generar acciones que respondan a una adaptación planificada, y se incluyó un Plan de Trabajo sobre género para promover la participación efectiva de las mujeres en la CMNUCC y fortalecer su empoderamiento en relación a la adaptación y mitigación.

“La decisión de Lima es sólida no sólo porque cumplió los mandatos que le estableció la COP19 de Varsovia, sino porque a su vez aprobó en Lima el borrador que contiene los elementos para la negociación, cosa que nunca antes había ocurrido. A su vez, fortaleció la adaptación en las contribuciones nacionales —que son los programas que los países deben presentar el próximo año— y también los mecanismos de financiamiento, tanto en el documento aprobado como en otras decisiones”, destacó Pulgar Vidal.

Para el especialista uruguayo Eduardo Gudynas, del Centro Latinoamericano de de Ecología Social (CLAES), “el acuerdo dejó pendientes muchos problemas y unas cuantas incertidumbres. Se mantuvo el concepto de responsabilidades diferenciadas entre los países, persiste la intención de un nuevo acuerdo donde las naciones deberán contribuir a reducir las emisiones de gases invernadero, y se sumaron los efectos de pérdidas y daños por el cambio climático. Pero no existen mayores precisiones y el lenguaje de la resolución está repleto de términos como ‘solicitar’ o ‘invitar’ a los Estados, lo que deja planteadas toda clase de incertezas”.

Como señala Gudynas, los gobiernos dieron vueltas en círculos, cada uno a su manera, para evitar los compromisos y costos de atender el cambio climático. De hecho, la palabra “vinculante” no estuvo presente en el acuerdo.

Visión desde los pueblos
Mientras tanto, la sociedad civil mantuvo su presión sobre los delegados gubernamentales, demandando acciones concretas. El 10 de diciembre se llevó a cabo una marcha por las calles de Lima en la que participaron miles de personas de todas partes del mundo. Los medios locales relegaron la cobertura de la multitudinaria movilización, mostrándose más interesados en golpear la acción de Greenpeace.

La marcha fue el punto culminante de la Cumbre de los Pueblos frente al Cambio Climático, espacio alternativo de diálogo y acción abierta, democrática y horizontal de la sociedad civil y pueblos originarios para compartir experiencias, problemas y propuestas frente al cambio climático, llevado a cabo del 8 al 11 de diciembre de forma paralela a la COP20.

En la Declaración de Lima, los asistentes a la Cumbre de los Pueblos demandaron a los gobiernos del mundo respetar “nuestros territorios, derechos y modos de vida, nuestras culturas, costumbres y cosmovisiones sobre la vida y el mundo que habitamos”.

“Denunciamos la explotación de nuestros recursos naturales y territorios por parte de las industrias extractivas que afectan nuestras formas de sustento, nuestra fuente de identidad y la relación armoniosa de nuestras comunidades con la Madre Tierra. Demandamos el reconocimiento de la propiedad territorial de las comunidades que tradicionalmente han vivido en sus tierras. No aceptamos el control externo de los territorios, ni los procesos de negociación e implementación de falsas soluciones l clima. Los gobiernos deben tener como eje central el respeto de nuestras formas de vida ancestrales y el reconocimiento a nuestra autodeterminación como naciones y pueblos originarios”, dice la Declaración de Lima.

Aunque Pulgar Vidal intentó mostrar el éxito del acuerdo, la red internacional Climate Action Network Latin America (CAN-LA) calificó de “fracaso” el resultado de la COP20.

“Los delegados de países siguen empecinados en hacer de las negociaciones climáticas unas negociaciones comerciales en donde lo principal no es la defensa integral de la vida, sino la defensa de las economías nacionales y sus demandas de crecimiento insostenible”, señaló CAN-LA en un comunicado.

“Los resultados de la COP 20 no establecen ninguna cifra de reducción de emisiones, quedando al arbitrio de los países ‘la comunicación’ de sus aportes voluntarios antes de octubre del 2015. Y aunque el texto señala que tales compromisos deben ser ‘cuantificables e importantes’ no existe un mecanismo de medición acordado, ni mucho menos un criterio de consenso para decidir lo que se juzga como ‘importante’, con lo cual el pretendido acuerdo de París, que reemplazará al Protocolo de Kioto, se plantea desde ya con menor ambición que éste”, agrega CAN-LA.

Finalmente, CAN-LA hizo un llamado a los países latinoamericanos a asumir un mayor protagonismo y marcar su independencia de los países industrializados. —Noticias Aliadas.


Compartir

Miles de personas marcharon por las calles de Lima el 10 de diciembre demandando justicia climática. (Foto: Milagros Anaya)
Noticias Relacionadas
Noticias Aliadas / Latinamerica Press
Información y análisis independientes de libre reproducción mencionando la fuente.
Contáctenos a: (511) 7213345
Dirección: Jr. Daniel Alcides Carrión 866, 2do. piso, Magdalena del Mar, Lima 17, Perú
Correo: webcoal@comunicacionesaliadas.org