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ECUADOR
Energías alternativas, ¿son sustentables?
Luis Ángel Saavedra
14/03/2016
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Llegada de la electricidad mejora condiciones de vida de pueblos indígenas, pero genera otras necesidades que tienen impacto sobre su cultura y el medio ambiente.

La implementación de energías alternativas en comunidades indígenas son vistas como formas amigables con el medio ambiente y que procuran su conservación. Sin embargo, el uso descontrolado de esta energía puede derivar en la creación de un mercado energético favorable para las compañías de electricidad, en cuyo caso la energía alternativa sólo sería la punta de lanza para la penetración de la energía tradicional.

La llegada de la energía eléctrica a un pueblo siempre ha sido vista como la llegada del desarrollo. Se ha dicho que conforme avanza la colocación de postes y tendido eléctrico avanza la civilización. La literatura universal ha descrito muy emotivamente estos momentos, pero nunca se ha preguntado sobre el origen de esta energía y el costo que tiene para las comunidades o el medio ambiente. De hecho, la energía eléctrica ha sido descrita como una energía limpia, incluso si proviene de grandes generadores operados por combustión de derivados de petróleo.

Con el avance del debate ecológico se ha llegado a cuestionar el origen de esta energía, aun cuando provenga de hidroeléctricas. ¿Cuál es el costo ambiental y el costo para las comunidades que se han quedado sin agua para sus actividades agrícolas? ¿Cuál es el costo de represar un río? ¿A quién beneficia esta industria? Son las preguntas que hacen los ambientalistas.

Son también numerosos los ejemplos de cómo las hidroeléctricas han vulnerado los derechos de las comunidades o como pequeños poblados deben abastecerse de electricidad precaria, generada por motores, mientras sobre ellos pasan las grandes redes que conducen la electricidad a las ciudades o a centros de explotación de recursos naturales.

En Ecuador, este debate se profundizó con la implementación entre el 2004 y el 2007 de un proyecto denominado Servicios Básicos de Iniciativa Local para la Amazonía Ecuatoriana (SILAE) que contó con el auspicio de la Unión Europea. Este proyecto se orientaba a dotar del servicio de energía eléctrica a toda la Amazonia a través de la creación de empresas comunitarias rurales, en coordinación con el entonces Consejo de Desarrollo de los Pueblos y Nacionalidades del Ecuador (CODENPE). Se logró la creación de cuatro empresas rurales y se amplió la acción del proyecto hacia otro similar que se denominó EUROSOLAR y que fue ejecutado en Bolivia, Paraguay y el Perú.

La experiencia de Sarayaku
Una de las experiencias del SILAE se implementó en Sarayaku, pueblo kichwa amazónico conocido por su resistencia a la industria petrolera y su defensa del territorio.

El ingreso de la explotación petrolera y su posterior proceso de defensa territorial intensificó el contacto de este pueblo con occidente; con este contacto, algunas familias empezaron a ingresar generadores de electricidad, televisores y reproductores de audio y video. “Se empezó a tener ruido”, dice a Noticias Aliadas José Miguel Santi, miembro del equipo de comunicación de Sarayaku.

La electricidad empezó a posicionarse como una alternativa para mejorar las condiciones de vida del pueblo, pero el uso de generadores a gasolina contrastaba con su oposición a la explotación petrolera; entonces se pensó en el uso de los paneles solares, propuesto por el SILAE. En el año 2005 se instaló un sistema que podía proveer de 12 voltios a cada familia, suficientes para mantener dos focos y una radio, por un tiempo máximo de tres horas.

Luego se instaló un sistema más amplio para proveer de electricidad a un centro informático y tener conexiones a internet, las que son usadas por estudiantes secundarios y universitarios que siguen programas de educación a distancia.

La asamblea del pueblo Sarayaku decidió instalar estos paneles de forma gratuita, también propició la capacitación de técnicos que se hagan cargo de las reparaciones en casos de daño y así no tener que depender de personal de fuera, pues el poblado más cercano está a ocho horas de travesía en canoa y sus honorarios no los puede pagar una familia.

Pese a todo, el uso de la energía solar no ha reducido el empleo de generadores a gasolina, pues el contacto con occidente ha propiciado que el pueblo empiece a tener otras necesidades, como la refrigeración de productos. Si bien está prohibida la venta de licores y cerveza, están apareciendo tiendas que venden helados, gaseosas y jugos, para lo cual usan refrigeradoras a gas, que tienen un impacto igual que los generadores a gasolina.

“El verdadero problema es la existencia de generadores a gasolina que no solo impactan por el ruido o por la emisión de smog, sino que se convierten en una forma de penetración de otra cultura a través de los electrodomésticos y los multimedia. El uso del panel solar lo podemos controlar, pero no podemos controlar el uso del generador”, afirma Santi.

Código de Convivencia
El uso de la energía ha hecho necesario que se incorporen varias normativas en el Código de Convivencia que rige para este pueblo, como la determinación de horarios para el funcionamiento de los generadores a gasolina, o la implementación de una sala multimedia, con paneles solares, para uso de los pobladores, en especial cuando deben hacer un seguimiento de las noticias que este pueblo genera en el exterior.

Por el momento, el Código de Convivencia de Sarayaku aún puede controlar el uso de la energía, pero la población va creciendo y presiona sobre la necesidad de transformaciones más profundas.

Los costos de mantenimiento y reposición de los paneles solares es muy alto, por ahora son asumidos de manera comunitaria, pero la demanda sigue creciendo y siguen incrementándose los generadores a gasolina; el contacto con occidente se profundiza y los jóvenes de Sarayaku cada vez están más conectados en las redes sociales y salen con mayor frecuencia hacia El Puyo, capital de la provincia de Pastaza. Su dinámica incrementa la necesidad de electricidad.

“No sabemos hasta cuando podemos resistir la influencia del exterior, pero creo que llegará un momento en que deberemos hablar sobre si resistimos a la venida de la electricidad producida por las hidroeléctricas o debemos ya pensar en las condiciones en que podemos acogerla”, dice Santi.

La preocupación de Santi tiene que ver con la construcción de proyectos hidroeléctricos muy cerca del territorio de Sarayaku, como el complejo que se construirá en el río Santiago, provincia de Morona Santiago, que colinda con este pueblo.

El tiempo dirá si Sarayaku se mantiene como un pueblo que se resiste a la influencia de occidente, o si logra mantener su identidad y cultura pese a esta penetración en donde la electricidad se convierte en uno de los mejores aliados de la aculturación.  —Noticias Aliadas.


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El uso de la energía solar no ha reducido el empleo de generadores a gasolina en pueblo Sarayaku. / José Miguel Santi
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