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ARGENTINA
El espejismo económico de Macri
Alejo Álvez
16/11/2016
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A casi un año de haber asumido la presidencia, diversas mediciones coinciden en que pobreza ha aumentado mientras que producción industrial se contrajo dejando a miles de personas desempleadas.

Próximo a cumplir  un año, el gobierno de Mauricio Macri no puede mostrar aún ninguno de los logros económicos y sociales prometidos durante la campaña que lo llevó a ser el nuevo presidente argentino desde el 10 de diciembre del 2015. Por el contrario, los índices de pobreza e indigencia experimentaron un fuerte crecimiento, acompañados por la pérdida de puestos de trabajo, una inflación sin control, el cierre de miles de empresas, una sensible merma de las exportaciones y una aguda caída de las ventas en supermercados y centros comerciales.

El presidente cree, sin embargo, que las medidas tomadas en las tres primeras semanas de gobierno —la liberación cambiaria que derivó en una devaluación del orden del 40% y llevó a una inflación anual proyectada del 42%; la eliminación de la carga impositiva que gravaba al agro y la minería; el sometimiento al chantaje de los “fondos buitre” tenedores de bonos de la deuda; el alza de las tarifas de los servicios de electricidad, agua, saneamiento y gas en hasta más del 400% y la derogación de la legislación social dispuesta durante los gobiernos  de Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015), entre otras— darán sus frutos entre el 2017 y 2018.

En abril pasado, el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) —de la que egresaron el presidente y varios miembros de su gabinete— adelantó que Macri, en tres meses de gobierno, generó más pobreza que la expresidenta Fernández en sus últimos cuatro años al frente del Ejecutivo.

El 10 de agosto, la conservadora casa de estudios publicó el estudio “Tiempo de balance: deuda social pendiente”, en el que señaló que del 2011 al 2015 la pobreza aumentó 4.3%, para situarse en el 29%, mientras en el trimestre enero-marzo 2016 el alza fue de 5.5%, llegando a 34.5%. Cuando la UCA confirmó su anticipo de abril, le puso números absolutos a su adelanto: en Argentina hay algo más de 15 millones de pobres, de los cuales 1.4 millones se incorporaron a esa legión de víctimas sociales en el primer semestre del año.

“Dibujar los números”
El 29 de setiembre fue el estatal Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) el que le puso valores al drama argentino. Apenas un poco menos que lo medido por la UCA. Señaló que en el primer semestre del año la pobreza se ubicó en el 32.2% de las personas y el 23.1% de los hogares. El 6.3% de esos argentinos son indigentes que están por debajo del mínimo de consumo alimenticio estimado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Durante más de un año sin realizar estadísticas, como resultado de una cerrada ofensiva opositora encabezada por Macri, que lo acusaba de “dibujar los números” según las conveniencias del gobierno de Fernández, el INDEC volvió a operar. Al presentar este primer informe, Macri buscó instalar la idea de que él heredó ese 32.2% de pobres, sin tener en cuenta que, según la UCA, en los primeros 10 meses de su gestión él fue el responsable del crecimiento exponencial de la pobreza.

Al cierre de octubre fue la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) la que agregó sus datos a los índices del INDEC. Señaló que la producción de las empresas del sector —las mayores generadoras de empleo— registró una caída interanual del 5.4% y acumuló 10 meses consecutivos de pérdidas. Días antes, el 14 de octubre, el INDEC había revelado que de las 576,807 empresas registradas en enero, 5,251 habían dejado de operar antes de cerrarse el tercer trimestre. Se perdieron 118,000 empleos formales.

El 31 de octubre, un nuevo estudio del INDEC consignó que la producción industrial había vuelto a tener un fuerte retroceso en setiembre, del 7.3% con respecto al mismo mes del año anterior. Mientras, el sector de la construcción —otro de los grandes tomadores de mano de obra— sufrió una contracción del 13.1% durante el mismo período, acusando una involución del 12.8% durante los primeros 11 meses de la administración Macri.

Según la versión optimista de los técnicos del gobierno —114 ejecutivos de multinacionales, megaempresas locales y los más grandes bufetes de abogados ocupan alguno de los 367 altos cargos de la estructura burocrática del Estado—, aquellas medidas de las primeras semanas debían garantizar un impulso exportador liderado por la agroindustria.

Retracción de la demanda
El resultado no fue el previsto. Las estadísticas indican que las ventas al exterior cayeron un 1.8% en lo que va de 2016. Al hacer sus cálculos los expertos olvidaron que la coyuntura global llevó a una retracción general de la demanda. “No existen las soluciones mágicas, la eximición de impuestos al agro y la devaluación no fueron suficientes para impulsar las exportaciones”, señaló un estudio de la estatal Universidad Nacional de San Martín.

En este contexto desfavorable, con alta inflación y empleo en retroceso, es lógico pensar que la demanda interna también se retrajo. El INDEC señaló el 19 de octubre que las ventas de alimentos en los supermercados siguen cayendo y en setiembre se situaron en un 3.6% menos que en agosto, el peor mes en lo que va del año. Lo mismo ocurrió con la facturación de los centros comerciales, que se retrajo un 17.9%. Los supermercados y los centros comerciales, junto con la construcción, fueron los mayores expulsores de mano de obra.

Pese a estos informes, en su última comparecencia obligatoria ante el Congreso, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, coincidió casi textualmente con una misión del Fondo Monetario Internacional (FMI), la primera después que el gobierno de Néstor Kirchner (2003-2007) rompiera con la dependencia de ese organismo.

“Corresponde felicitar al presidente [Macri] por su compromiso para bajar la inflación, la pobreza y el desempleo”, había dicho el jefe de la misión del FMI, Roberto Cardarelli, al término de la visita realizada entre el 19 y 29 de setiembre, mientras que Peña aseveró que “ya se ve la luz al final del túnel, el país despega con un empuje increíble”.

En sintonía, el ministro de Producción, Francisco Cabrera, se mostró sorprendentemente satisfecho ante la situación de las empresas del sector industrial que adelantaron las vacaciones de su personal o anunciaron un régimen rotativo de suspensiones.

“Las suspensiones —dijo— son una excelente noticia, quieren decir que las empresas confían en el gobierno y se resisten a despedir a sus trabajadores”. —Noticias Aliadas.


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Miles de trabajadores se movilizaron el 4 de noviembre a nivel nacional en contra de impopulares medidas económicas de Macri. / Central de Trabajadores de la Argentina
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