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BRASIL
Amazonia desprotegida
José Pedro Soares Martins
08/07/2019
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Acelerada desaparición de bosques amazónicos como consecuencia de desactivación de políticas ambientales por el gobierno ultraderechista de Jair Bolsonaro.

Los datos científicos son cada vez más preocupantes. Entre agosto del 2018 y mayo del 2019, la deforestación en la Amazonia brasileña aumentó en 20%, según el Instituto del Hombre y Medio Ambiente de la Amazonia (Imazon), dedicado a la conservación de la selva tropical amazónica. Se eliminaron 2,169 km² de bosques nativos. Pero la situación puede empeorar aún más, debido a las políticas ambientales puestas en práctica por el gobierno del presidente Jair Bolsonaro, han alertado científicos y organizaciones ambientalistas que monitorean y luchan por la protección del mayor bosque tropical del mundo, cuya integridad es fundamental para el equilibrio climático.

Las señales de que la política ambiental de Bolsonaro sería desastrosa, incluso en términos de protección de la Amazonia, emergieron aún antes de que tomara posesión como presidente de la República, el 1 de enero del 2019. El 28 de noviembre del 2018, el presidente electo anunció que Brasil ya no sería sede de la Conferencia del Clima (COP 25) a fines del 2019. Su argumento fue que Brasil no tendría presupuesto para acoger el evento, que ahora se realizará en Santiago de Chile.

“La señal dada al sector productivo y a los delincuentes ambientales es de flexibilización, facilitación y amnistía”, afirmó a Noticias Aliadas el coordinador de comunicación del Observatorio del Clima, Claudio Angelo. El Observatorio es una alianza de organizaciones orientadas a promover la energía sostenible y combatir el calentamiento global, como Greenpeace Brasil y Amigos de la Tierra-Amazonia.

El creciente avance de la deforestación en la Amazonia corrobora la tesis de Angelo. Según Imazon, ya en enero del 2019, el primer mes del gobierno de Bolsonaro, se deforestaron 108 km² en la Amazonia Legal —área que engloba nueve estados brasileños que forman parte de la cuenca amazónica—, un aumento del 54% con relación a enero del 2018, cuando la deforestación sumó 70 km².

En Brasil, la deforestación en la Amazonia es una de las principales fuentes de emisión de gases que alimentan el calentamiento global. Por lo tanto, hay una preocupación internacional en relación a los rumbos que está tomando la política ambiental con el gobierno de extrema derecha.

Esta inquietud se cristalizó en el informe presentado el 19 de junio en Bonn, Alemania, por el Consorcio Climate Action Tracker (CAT), coalición de científicos y organizaciones no gubernamentales que acompañan las políticas de combate al calentamiento global.

“En poco más de cien días en el gobierno, el nuevo presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, ha alejado más a su país de la acción climática y del cumplimiento de sus compromisos con el Acuerdo de París”, afirma el informe del CAT, que hace actualizaciones semestrales sobre el estado del combate al calentamiento global.

El documento prosigue afirmando que “a pesar de haber retrocedido de sus posiciones de campaña más extremas sobre el cambio climático, como la intención de retirarse del Acuerdo de París —aprobado en la XXI Conferencia sobre Cambio Climático (COP21), realizada en Paris en diciembre del 2015, que establece medidas para la reducción de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI)— Bolsonaro y su gabinete han expresado públicamente su oposición a muchas de las políticas climáticas existentes en Brasil”.

Desmontaje de la estructura ambiental
En efecto, Bolsonaro había señalado que Brasil podría salir del Acuerdo de París, pero tuvo que dar marcha atrás después de la fuerte reacción nacional e internacional. Sin embargo, otras acciones del gobierno de extrema derecha confirman la posición de desmontaje de la estructura ambiental que se había consolidado en los últimos gobiernos brasileños.

El informe del CAT cita por ejemplo la reducción de la participación de la sociedad civil en los consejos ambientales, el esfuerzo por modificar leyes como el Código Forestal (y la consiguiente exigencia de una reserva legal de vegetación nativa en propiedades rurales), o el recorte del 95% del presupuesto para cambios climáticos en el Ministerio de Medio Ambiente y, específicamente, el debilitamiento del combate a la deforestación.

“La situación actual es tan crítica que, por primera vez en la historia de Brasil, varios exministros de Medio Ambiente de diferentes partidos políticos han emitido una declaración conjunta para alentar a la sociedad civil y las instituciones oficiales a prestar estrecha atención a las decisiones del gobierno que perjudican el medio ambiente”, afirma el informe del CAT, presentado en reunión previa a la Conferencia de Santiago.

El 8 de mayo, en un encuentro inédito en São Paulo, todos los exministros de Medio Ambiente desde que se creó el ministerio en 1992 se reunieron para emitir una declaración conjunta con enormes críticas a las medidas del gobierno de Bolsonaro. Estuvieron reunidos los exministros Rubens Ricupero, Gustavo Krause, José Sarney Filho, José Carlos Carvalho, Marina Silva, Carlos Minc, Izabella Teixeira y Edson Duarte.

En la declaración conjunta, los exministros afirmaron que el gobierno de Bolsonaro ha puesto en práctica una “política sistemática, constante y deliberada de deconstrucción y destrucción de las políticas ambientales”. La declaración tuvo enorme repercusión por lo inédita, al reunir exmiembros de gobiernos de diversos colores políticos e ideológicos.

“Que el desmontaje de la estructura —el popular “meter el hacha” al Instituto Brasileño del Medio Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables (IBAMA)— lleva al aumento de la deforestación nos parece fuera de duda: menos operaciones del IBAMA, causadas por la desmovilización de las oficinas regionales, 24 de ellas todavía sin superintendente definitivo, incentivos explícitos al delito ambiental, por ejemplo, con el presidente de la República diciendo que no está para destruir equipos, etc. Hemos visto que eso se ha reflejado directamente en la explosión de la deforestación en mayo”, afirma Angelo.

“Es pronto para decir si la tasa al final del año será mayor o menor, porque la depresión económica y las lluvias intensas del primer semestre se contraponen al ‘efecto Bolsonaro’”, alerta Angelo. “El mes de junio será determinante para conocer la tendencia del año”.

Los datos para junio del gubernamental Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE) no son alentadores, la deforestación en la Amazonia brasileña creció 88% respecto al mismo mes en 2018, es decir, se extendió por 920 km² frente a los 488.4 km² registrados en junio del año pasado.

El representante del Observatorio del Clima destaca que, debido a las políticas adoptadas por el gobierno de Brasil, está en jaque el cumplimiento de la meta estipulada en la ley nacional del clima. “La ley del clima determina una reducción de la tasa en la Amazonia a 3,900 km² en 2020. En 2018 ya tuvimos más del doble de eso. Respecto al Acuerdo de París, nuestra meta es para 2025; entonces todavía hay tiempo de revertir el rumbo desastroso de la política pública”, señala Angelo.

Relacionado con el aumento de la deforestación está el recrudecimiento de la violencia contra los defensores de la Amazonia. El 11 de junio, fue muerto a tiros el presidente del Sindicato de los Trabajadores Rurales de Rio Maria, estado de Pará, Carlos Cabral Pereira. Fue el tercer presidente del mismo sindicato asesinado. Los primeros fueron João Canuto, en 1985, y Expedito Ribeiro, en 1991. Rio Maria, en el sudeste de Pará, está en el centro de una región de gran deforestación en la Amazonia y violencia contra los defensores del bosque.

Recrudecimiento de la violencia
Durante 20 años, el padre Ricardo Rezende trabajó en la región de Rio Maria, en el estado amazónico de Pará, y conoce por dentro los mecanismos de la tala del bosque y violencia contra trabajadores rurales y pueblos indígenas de la región. “Siempre había una aparente coincidencia entre grandes proyectos de deforestación, estimulados por el gobierno militar (1964-1984), y asesinatos. Además, cuatro factores iban juntos: irrespeto a los derechos humanos, cuestiones ambientales gravísimas, trabajo esclavo y concentración agraria”, dice Rezende para Noticias Aliadas. Actualmente es coordinador del Grupo de Investigaciones sobre Trabajo Esclavo del Núcleo de Derechos Humanos de la Universidad Federal de Rio de Janeiro (UFRJ).

Rezende señala que actualmente los grandes responsables de la deforestación en la Amazonia son “la búsqueda de madera y las reses, la ganadería que avanza sobre el bosque”. Pero un tercer elemento preocupa cada vez más, ante las señales dadas por el gobierno de Bolsonaro. Este sería la apertura de la región, e incluso de las reservas indígenas, a la explotación minera.

“No hay preocupación por la justicia social o el medio ambiente, es una política de privatización y destrucción”, sintetiza Rezende, que también fue amenazado de muerte durante su estancia en la Amazonia. Ha recibido varios premios internacionales por su defensa del bosque y de los pueblos de la región.

La paralización de la escalada de deforestación en la Amazonia, así como de otras acciones del gobierno de Bolsonaro contrarias a los derechos humanos y la protección ambiental, solo ocurrirá con el fortalecimiento de la sociedad civil, destacan científicos y activistas.

“Estamos documentando y denunciando e intentando movilizar a la sociedad brasileña, para que las personas entiendan que el medio ambiente no es un tema de ‘izquierda’ ni de ‘derecha’, sino una preocupación de todos”, dice Angelo.

Analista desde hace décadas de las políticas gubernamentales, el filósofo y politólogo Roberto Romano, de la Universidad Estatal de Campinas, piensa que, de hecho, solo la unión de los diversos movimientos sociales puede llevar a cambios en las políticas del gobierno de Bolsonaro.

“Si no hay un acuerdo por la unión de las fuerzas sociales, evidentemente siempre habrá un demagogo, un populista, que use el resentimiento de parte de la población para ganar el poder”, afirmó Romano a Noticias Aliadas.

Entre los frentes de resentimiento, señala Romano, está el de grupos evangélicos neopentecostales ante la hegemonía de la Iglesia Católica en diversos sectores de la vida nacional. Los grupos evangélicos están entre los principales partidarios de Bolsonaro.

Más bien en la Iglesia Católica hay alguna fuente de esperanza con relación al futuro de la Amazonia. Del 6 al 27 de octubre, por convocatoria del papa Francisco, se realizará el Sínodo de la Amazonia, con la participación de todos los obispos católicos de la región. El pasado 17 de junio, el Vaticano divulgó un documento de trabajo para el Sínodo, que expresa fuertes críticas al modelo de desarrollo en la región y preocupación por el futuro de las comunidades indígenas y ribereñas. Los miembros del gobierno de Bolsonaro ya han demostrado insatisfacción con la realización y el tema del Sínodo, que consideran “intromisión en los asuntos internos de Brasil”. —Noticias Aliadas.


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Amazonia brasileña perdió más de 135 millones de árboles solo en el mes de junio del 2019. / Daniel Beltrá-Greenpeace
Noticias Aliadas / Latinamerica Press
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